(Fito Mendi), Adolfo Etchemendi, fotógrafo.

noviembre    de 2020

Fito Mendi, fotógrafo amante de la naturaleza y de la gente. Su fotografía es descriptiva y clara en lo natural y cálida y amable en lo humano. Le gusta la fotografía pausada, tranquila, para pensar lo que se hace. Sin dejar de mano lo actual, a Fito le gusta lo químico y así lo hace saber, invita a sus amigos a echar carrete de vez en cuando y en su Club Fotográfico se encarga de ello. Fito Mendi, en la actualidad es un referente en la fotografía gaditana y se lo ha ganado a pulso, foto a foto y exposición tras exposición.

Hablemos con Fito y que nos cuente.

●     Te haré primero algunas preguntas sobre tu fotografía para pasar a temas más especulativos e interiores. Vives en un entorno natural muy importante, la Bahía de Cádiz, su mar y sus pinares

¿Qué encuentras en ellos que los demás no vemos?

Tenemos mucha suerte la gente de Cádiz y su Bahía de vivir en este espacio privilegiado que hemos ocupado hace miles de años y transformado con una singularidad increíble. Todos tenemos dentro un reloj que se conecta en sus latidos con los pulsos diarios de las mareas, una sensibilidad especial para determinar los vientos y medir su fuerza, su pertinaz constancia o su bondad. Pasamos de una habitación a otra con varios pasos y transitamos una playa arenosa, una salina productiva, o un pinar cargado de vida y de aromas a jaras y tomillo. Somos muy conscientes de habitar un territorio densamente poblado, y prácticamente sin fronteras urbanas, y a pesar de ello sin tensiones sociales graves que impidan la convivencia. La gente de aquí sabe practicar el acogimiento y la integración de todos los que hemos ido llegando, en uno u otro tiempo, y hacernos sentir como en casa desde el primer momento. Por eso siempre he sido consciente que había que devolver de alguna manera a esta tierra y a estas gentes todo lo que amablemente nos han ido regalando.

Mi vida laboral ha transcurrido en la escuela y he sido muy feliz enseñando a los demás lo que yo había aprendido. Y luego mis compromisos personales se han ido concretando, de manera quizás intensa y apasionada, tal como soy en el fondo sin poder remediarlo, con las gentes, la conservación de la Naturaleza y la fotografía.

Mi vinculación con el medio natural se inició y desarrolló en Zahara de la Sierra donde además de maestro y director de la escuela era el fotógrafo para todo, eventos sociales, retratos, foto para el carnet de identidad, para el periódico local que también dirigía. Y desde luego la fotografía era también un recurso inestimable en la escuela. Salíamos casi diariamente al medio a investigar y utilizamos todo tipo de materiales fotográficos para ello. Allí enseñé fotografía a mis alumnos, compramos maquinas fotográficas rusas y pusimos en marcha un laboratorio de blanco y negro. Después de más de 30 años aun tengo contacto con ellos.

Cuando llegué aquí a Puerto Real, en 1991, empecé de manera solitaria a escribir un blog de Naturaleza que me duró años. Estaba orientado a la botánica de la provincia de Cádiz. Y durante mucho tiempo fue mi única vinculación con la fotografía. El resto de mi tiempo lo empleaba implicado  en la lucha del movimiento ecologista.

Desde hace ahora tres años estoy trabajando como fotógrafo de naturaleza en la salina La Esperanza de Puerto Real. Este espacio lo gestiona la Universidad de Cádiz y está dedicado a la conservación e investigación de las aves del Parque Natural Bahía de Cádiz.

●     El ser humano y su entorno, me consta, es otro de tus grandes temas y el blanco y negro impera aquí ¿Qué es lo que te atrae de ello y por que expresarte en blanco y negro siendo el color muy potente en el resto de tu fotografía?

Bueno, la historia de la fotografía y su lenguaje se ha escrito en blanco y negro. Y a mi el tema de las ciudad como escenario de la vida y las personas como actores singulares de ese escenario me atraen de una manera brutal. No somos conscientes de qué manera los fotógrafos callejeros constituimos la memoria histórica de nuestras ciudades. Todo lo que ocurre en la calle son momentos efímeros que duran sólo décimas de segundo y son irrepetibles. Y yo quiero estar ahí cuando algo ocurra para dar fe de esa sinfonía musical que es la vida en la calle. Y quiero mimetizarme con las muchedumbres, pasar desapercibido siempre mientras hago mi trabajo, para no alterar la esencia de la fotografía de calle, que nunca debería ser preparada, ni pactada, porque perdería la mayor parte de su valor como testigo de la verdad.

Otra cosa serían los retratos callejeros, que también valoro y tiene muchos seguidores, pero esto nada tiene que ver con lo que ahora entendemos como fotografía callejera o Photo Street.

En mi caso, que he tenido la suerte de viajar muchísimo en estos últimos 15 años, me queda una mochila de buenas fotos de muchas ciudades. Hace tres años monté con algunas ellas una exposición relacionaba las ciudades y las sombras. Y fue una experiencia muy emocionante. Me faltaba como fotógrafo culminar con algo así. Y me faltaba poder culminar mi proceso fotográfico imprimiendo personalmente mis propias fotos. Es algo maravilloso ver aparecer lentamente una buena copia en papel de alto gramaje por debajo de tu impresora. Yo trabajé mucho el laboratorio fotográfico en la era analógica. Pero había perdido el olfato y el gusto de estas experiencias hacía más de treinta años. Creo que la fotografía hay que sacarla fuera del ordenador. Hay que palparla y olerla y a falta de una buena copia química en papel baritado, una copia fine art en formato grande que imprimes con tu impresora en casa es volver de nuevo a lo esencial, al reencuentro con la magia de las imágenes.

●     Te importa mucho la fotografía química y me consta que tienes una buena colección de cámaras y objetivos, además de haber conseguido y encargarte de un buen laboratorio en tu Club fotográfico “76” Juan Rivera de Puerto Real ¿Es motivado por simple nostalgia o vas más allá?

Sí, hubo una época, que me duró más de una década, en que me importaba más la cacharrería fotográfica que el uso artístico o recreativo que pudiera hacer con ellas. Todos tenemos dentro un afán coleccionista que se sustancia en aquellas cosas que nos atraen más poderosamente. Y no era solo poseer, sino saber, y entender la ingeniería óptica y mecánica de esos instrumentos. Creo que los ingleses le han puesto nombre incluso a esta pseudo manía, la llaman LBA (​Lens Buy Adiction) que es un deseo irrefrenable por poseer y coleccionar lentes fotográficas, …ahora puedo hasta reírme de mi mismo al contarlo, pero yo he sido un adicto a esto. Y gasté mucho tiempo y dinero buscando objetivos, cambiando y vendiendo. También publicando pruebas y haciendo reviews. Ahora ya puedo ver esa época con distancia y, sin arrepentirme de todo lo que aprendí sobre lentes manuales, veo todo aquello desde la distancia. Ahora el único problema que tengo es saber qué objetivo voy a coger entre medio millar de ellos de todas las monturas, focales y luminosidades que hay disponibles.

Y desde luego me ha permitido emprender proyectos colectivos con mis compañeros del Club Juan Rivera y he podido distribuir cámaras y objetivos sin problemas. Y todo esto, como es obvio, tiene mucho que ver también con el aprecio que le tengo a la fotografía química. Aún trabajo con carretes para ciertos proyectos. Hay muchas diferencias -y también similitudes- entre lo químico y lo analógico. Para mí el proceso químico supone un punto muy álgido de respeto hacia la imagen fotográfica. Sobre todo, porque entiende el hecho de fotografiar desde la calma y la reflexión.

Lo digital por el contrario es compulsión y rendimiento extremo. Esta semana me avisaron ya casi atardeciendo de que habían llegado a nuestra salina La Esperanza una docena de alcaravanes. Y esto es objetivo mayor, un ave que rarísimamente se ve por estos lugares, ha tenido la gentileza de echarse un paseíto por nuestra casa. Los perseguí sigilosamente por varios kilómetros de muros de salinas y solo pude aproximarme a 300 metros, pues antes se levantaban y se echaban a 500 metros más allá. Puse ráfagas y Capture pro en mi modernísima Em1x. Disparé seis, siete veces en vuelo a lo lejos al bando y algunas ráfagas más a unas espátulas y unas cigüeñuelas. Eso fue todo en una tarde fotográficamente bastante deprimente, atardeciendo con poca luz y con el ISO a 3200. Cuando descargué en casa la tarjeta, con un punto de frustración, veo que había 2300 imágenes raw. No valían nada y había utilizado un equipo de muchos miles de euros.

No siempre es así. Pero la distancia entre un tipo de fotografía y otro es tan grande que cuando en el club Juan Rivera nos planteamos el proyecto colectivo de retratar la vida de nuestros bares más populares lo tuvimos bastante claro. Había que hacerlo con carretes, cuidando y mimando cada exposición.

●     ¿​Qué es la fotografía para Fito Mendi, que te aporta?

La fotografía me entretiene. Solo los humanos y algunos homínidos empleamos muchísimo tiempo en jugar y entretenernos. Los demás grupos animales ya bastante tienen con buscarse el sustento, aparearse y sobrevivir.

Nosotros somos un poco más complejos y necesitamos completar el conjunto de actividades con muchos otros roles.

Antes, cuando vivía en Zahara, era el maestro. En Puerto Real la gente me relaciona más con la fotografía y la ecología, que es la imagen pública que de alguna manera me he ido buscando. Y ya con el tiempo, muy poco a poco, entiendo que vas adoptando un lenguaje visual, una tendencia en una experiencia de hibridación entre los procesos íntimos y los sociales o comunitarios. Yo soy un humano de esos raros que necesitan expresarse. Y lo hago simultáneamente con la escritura y la fotografía. No disocio mucho entre una cosa y la otra. Son formas de expresión, un deseo íntimo de comunicación social con los demás.

●     ¿Qué cuentan tus fotos sobre ti?

Mis fotos creo que reproducen mis propios conflictos interiores. De una parte, sigo considerando el valor documental de la fotografía como inherentemente asociado al hecho de fotografiar, sobre todo en la calle. Y de otra, mi propia mirada está mediatizada por la estética interior. Mis pájaros tienen que ser bellos y mis fondos de escenarios callejeros ordenados, amables, simétricos, minimalistas… Es como una tendencia a buscar el bien. Algo que tiene que ver con mi propia educación. Es la lucha entre el mundo que veo y el mundo que deseo.

Soy bastante intransigente con el consumo social de la imagen como signo de identidad de la modernidad. Y tampoco llego a entender los alardes conceptuales sobre la fotografía de la posverdad que Fontcuberta y otros autores se empeñan en hacernos aceptar. El mejor fotógrafo no puede ser el que mejor miente en su obra, como defienden estos autores que he citado… sino el que es capaz de emocionar con ella, primero así mismo, y luego a los demás.

●     ¿Qué crees que puedes aportar a la fotografía?

¿Yo? Nada, buen amigo. Me sobrevaloras de nuevo, como en la entradilla de ser un referente de algo. Ni mi obra tiene mayor trascendencia en el ámbito fotográfico gaditano. Aquí hay muchos y muy buenos fotógrafos y fotógrafas de los que aún me queda muchísimo que aprender. En todo caso solo quiero ayudar a promover el asociacionismo fotográfico como forma de crecimiento colectivo en mi asociación.

●     ¿​Cuál es tu fotografía soñada, la ideal, la que esperas?

Ya con los años, tengo 64, he dejado de creer en la fotografía como producto fortuito del azar o la casualidad. Tengo muy claro que todo es producto de una obra de ingeniería donde uno mismo es el arquitecto, el maestro albañil y el peón. Todo a la vez y todo cuesta esfuerzo y tenacidad. La fotografía que espero y la que deseo es la que yo mismo voy buscando y tengo un enorme deseo de poder hacerla. Si quiero fotografiar aves no basta con vestirme de camuflaje y pillar un material potente. Tengo que planificar todo con exactitud para que eso ocurra y estar ahí por si al final ocurre. Y dedicar mucho tiempo a la observación, documentación y ver fotos de los mejores fotógrafos. Ser muy sinceros con uno mismo.

Lo importante no puede ser gustar a los demás, sino perseguir tus propios sueños. A veces creo que me sentiría satisfecho con hacer una única foto. Porque esa foto merecería toda una vida de búsqueda. Es muy probable que una única foto sea suficiente para colmar todas las expectativas personales de un fotógrafo.

●     ¿Cómo es el proceso creativo de Fito Mendi?

Yo llevo muchos años haciendo fotos, prácticamente 40 años. Eso no tiene mucho mérito. Me ha costado mucho saber lo poco que sé. Pero recuerdo que al principio me interesaba sobre todo el retrato, el paisaje, las fotos de familia y de mis hijos, los experimentos raros, las fotos de viaje que han sido siempre una constante en mi vida.

Luego hubo un tiempo, en Zahara, en que aplicaba la fotografía a la docencia. Fotos de investigaciones que hacíamos con los alumnos. De esa época es también es la fotografía social y la fotografía BBC (bodas, bautizos y comuniones). En todo ese tiempo nunca me preocupé de los procesos creativos. Me limitaba a llevar siempre una cámara encima y a hacer fotos. Incluso, cuando no llevaba cámara me gustaba encuadrar con los dedos todo lo que me llamaba la atención en la calle. Y curiosamente solo tenía un par de cámaras. Una de medio formato, una Yashica Mat de 6×6, y una Minolta XG9 que compramos en el viaje de novios en Andorra, con un par de objetivos. Nada más, durante más de 20 años era todo lo que necesitaba. Y eso sí, mi cuarto oscuro. Lo llevaba conmigo a todos los pueblos que me enviaban de   maestro.

Una ampliadora Hansa con posibilidad de ampliar 35 mm y 6×6 y muchas cubetas y botes.

Luego un parón fotográfico de más de una década que coincide con la transición en la sociedad a la fotografía digital. Y a principios del año 2000 me volví a enganchar a la fotografía, ahora en digital y centrados fundamentalmente en la fotografía macro de plantas. Desarrollé una actividad muy intensa con la botánica de la zona de la Bahía y las fotos eran parte fundamental de todo esto. Y de ahí in crescendo hasta la actualidad.

Ahora fundamentalmente me muevo por proyectos u objetivos concretos. Mantengo esa dualidad creativa de géneros tan distintos como la fotografía de calle y de naturaleza. Mi proceso creativo comienza siempre por la documentación y termina en el mejor de los casos expuesto en una sala y en el peor en el garaje de mi casa, en una vieja maleta.

En estos tiempos siempre que pretendo editar un proyecto, lo que más me cuesta es decidir la alineación del equipo. Es decir, decidir con certeza la elección de las fotografías. Esto es duro. Son tus hijos y tienes que decidir quien se sube al autobús y quien se queda en casa. En medio tengo que resolver muchas preguntas ¿Qué voy a hacer? ¿Para que? ¿cómo? ¿cuál es el hilo conductor? ¿Cuales son las ideas fuerza del proyecto?

Naturalmente, casi siempre pido ayuda. Pues muchas veces no tenemos la objetividad necesaria para decidir. Y casi siempre se la pido a mi amigo Antonio Alcázar. Otras veces he hecho una encuesta con baremación entre un grupo de fotógrafos con una tabla de datos y finalmente con estos datos ya yo decido.

En la concursística ya es más fácil, se trata, como en el caso del Photoluz, de montar un tríptico que tenga fuerza y cohesión visual interna entre las partes. Y ahí también los compañeros nos ayudamos en la toma de decisiones. Generalmente presentamos varias ideas y los compañeros opinan sobre cual se ve mejor y esto nos ayuda a decidir.

  • ¿Hasta qué punto editas tus fotos​, digital o químicas?

Muy bien por lo de preguntar por la edición química​. Ahora todo el mundo cuando piensa en la edición de una foto solo entiende qué hacemos en photoshop con las imágenes. Los procesos químicos comienzan con la elección de la película que será congruente al tipo de fotografía que vayamos a hacer. El método de exposición si que es igual que lo hagamos con un sensor que con una película de gelatina de plata. Pero luego lo que hagamos con la película va a depender mucho del estado de la misma, y del tipo de revelado que queramos hacer. Teniendo en cuenta que hay factores que influyen radicalmente en el resultado, como la temperatura del revelador, concentración del químico y tiempo de revelado, así como la agitación que hagamos con el tanque de revelado. Luego la exposición del papel va a depender de  la densidad del negativo, su tamaño, el diafragma del objetivo que hayamos puesto en la ampliadora y la altura del cabezal, así como el tipo de papel

sensible que hagamos. La integración de todos estos factores va a determinar el tiempo de exposición final.  Por supuesto podemos poner máscaras a la hora de exponer de manera que hagamos, con las manos o con plantillas, reservas en el área expuesta. Y luego todos los tratamientos para fijar la imagen y que ésta se pueda conservar limpia muchos años. Por tanto, yo diría que en el apartado químico existen tantos factores y variables como en digital que pueden incidir sobre la obtención de una buena imagen.

En mi caso la edición digital tiene mucha importancia cuando trabajo el color y sobre todo el tratamiento de las plumas blancas de las aves. Es lo más difícil de conseguir para que tenga su textura y definición natural. Y lo que nunca debería pasar es que las plumas estuvieran quemadas por exceso de exposición. No suelo editar casi nada en Photoshop. En mi caso dejo las fotos casi terminadas en Adobe Cámara Raw. Lo que siempre se ha hecho por capas en PS yo lo hago mejor con los pinceles de ajustes que trabajan por zonas las distintas áreas de la fotografía. Y luego sí subo a Photoshop para dos tres retoques de tamaño y formato de la foto. En blanco y negro edito muy poco las fotos. He tenido épocas donde me gustaban las sombras duras, y los altos contrastes. Ahora prefiero las ediciones más suaves donde la edición no enmascare nunca a la propia fotografía.

●     Veo en tu trabajo el uso del 50mm generalmente y esta pregunta no es baladí, creo que psicológicamente es importante para el fotógrafo ¿Qué te ofrece el 50mm que no el angular o el tele corto?

Bueno no es así, al menos no soy consciente de utilizar preferentemente el 50 mm en detrimento de otras focales. Si te digo lo que íntimamente siento… “me atraen mucho más los angulares, y mientras más extremos mejor”. Pero ahí no está la cosa. Si tengo que hacer una distinción entre los objetivos que utilizo no la haría con las focales. Para mi es mucho más determinante el uso de objetivos fijos y manuales para casi todo que cualquier otra consideración. Yo amo los objetivos manuales de los años 60-70 y 80. Necesito enfocar a mano y decidir los diafragmas girando el aro del objetivo. No quiero una conexión eléctrica entre el cuerpo y los objetivos. Y los utilizo con cámaras de carrete o con cámaras super modernas digitales. Da igual. Lo que pasa es que también hago fotos de naturaleza y esta solo podemos hacerla con objetivos largos, pesados, caros y de altísima tecnología.

●     ¿Es la cámara para ti una simple herramienta o tiene algo más?

Es una herramienta que tiene su punto de fascinación, pero lo que me desencanta es que están diseñadas con la muerte anunciada en sus entrañas. No es posible que te tires ahorrando un año para comprarte la cámara que has soñado y luego vienen con un manual de instrucciones como una enciclopedia que tardas otro año en digerir. Y cuando ya la consideras tu amiga y compañera inseparable,     un  día  va  y  se  muere,    porque  así  lo  han  determinado   sus creadores. Es un dolor esto de la obsolescencia programada. O luego cuando ese modelo que dominas ha llegado al límite de sus obturaciones y cuando la llevas a reparar te dicen que lo sienten que tu modelo ha sido descatalogado, esto significa que a tu cámara no le van a proporcionar piezas de repuesto porque al fabricante solo le interesa que te vayas comprando el último modelo cada tres o cuatro años. A mi no me impresiona ninguna cámara digital.

Las cámaras que yo colecciono casi en su totalidad son mecánicas que se pueden desmontar y reparar porque han sido creadas para que funcionen toda la vida. Esas máquinas cuando las coges en las manos sientes algo diferente. Son máquinas profesionales que pueden estar años en un armario y cuando las sacas sabes que solo tienes que ponerle un carrete y un par de pilas botón y te puedes ir con ella a cualquier isla de la Polinesia. Y no te va a fallar. Porque la máxima frustración de un fotógrafo es llegar a un sitio increíble y tener delante el escenario al que has llegado después de saltar de tres aviones y cuando vas a sacar la cámara resulta que no enciende, o que te has dejado las tarjetas en casa. Me ha pasado.

●     ¿Juegas con la cámara o contra ella para sacarle más partido a sus prestaciones?

Las cámaras cada vez hacen más cosas raras, o los fabricantes nos inoculan en las venas esas necesidades, la mayoría de las veces ajenas a la propia fotografía. Generalmente solo me interesan el 10% de las funciones de cualquiera de mis cámaras digitales. El resto del menú me la trae al pairo. Además, cada vez se puede hacer mejores fotos con objetos electrónicos que nada tienen que ver con las propias cámaras fotográficas. A mi me interesa poco jugar con la cámara, prefiero jugar y divertirme mejor con los objetivos fotográficos. Ellos te ofrecen muchas más posibilidades visuales que cualquier cámara, por buena o cara que sea.

●     ¿Es posible un acto de fotografiar ingenuo o inconcebido?

Yo creo que en fotografía hay poco margen para ingenuidad, o la casualidad. Hasta el azar, que es uno de los factores de la fotografía, debería ser programado o cuando menos buscado y planificado. Con los años los fotógrafos van empezando a desarrollar el instinto de la anticipación. Y a situarse en el mejor sitio, con la mejor vista y lo que es más difícil, los muy buenos saben visualizar la foto antes de que esta esté disponible para la cámara. A los novatos siempre se les van las mejores. Esto es así. Y a los veteranos les falta la energía suficiente para subirse al árbol que ofrece la mejor vista. ¿Dónde está el secreto? Creo que está justo en alcanzar la madurez fotográfica. Hace unos años hice un curso, uno de tantos, que se llamaba justo así…” Caminando hacia la madurez fotográfica”. Lo impartió el fotógrafo jerezano Daniel Casares Román, al que admiro profundamente. Casares explicaba que la madurez es la mochila que debe llevar siempre puesta el fotógrafo y en ella, dentro, todos los recursos para salir airoso de las  múltiples dificultades que supone hacer una buena foto a una persona que no quiere ser fotografiada.

●     ¿Crees que la imagen en blanco y negro química son la magia del pensamiento teórico?

Bueno, el filósofo Vilem Flüsser creo que así lo planteaba para la fotografía en blanco y negro. No parece distinguir entre química y digital. Y es una construcción teórica coherente. El blanco y negro es una abstracción fotográfica de la propia realidad. Totalmente inexistente más que en la representación de la realidad que nos ofrece la propia fotografía. Por tanto, es un ejercicio mental que construye nuestro propio pensamiento de la realidad. Esa realidad sólo es reconocible en claves fotográficas. Y esa parece ser su gran belleza, la construcción de un mundo que solo existe en nuestra cabeza. Por eso algunos fotógrafos preferimos retratar la realidad con una herramienta que es capaz de representar mejor el mundo de los conceptos.

●     ¿Estas siempre satisfecho con el resultado de tu trabajo, llegas a transmitir el mensaje?

Yo soy muy apasionado con lo que fotográficamente hago y muy mal juez del trabajo que he hecho. Casi siempre tiendo a la insatisfacción. Y esta construcción me duele porque yo mismo me planteo la fotografía con el objetivo de disfrutar con su ejercicio. Solo con el paso del tiempo algo que hice hace mucho me puede llegar a gustar. Hay quien dice que debe ser así. Y que incluso el proceso creativo debería tener en cuenta estas sensaciones del autor con su obra. De hecho, la única fotografía que realmente me gusta de todas las que he hecho en mi larga vida fotográfica ha sido la primera foto que revele en mi laboratorio. Era una foto de mi primer hijo, Alejandro, con tres meses en brazos de su madre.

Mi amigo Moisés, fotógrafo callejero que lleva años haciendo fotografías a la gente en la Gran Vía de Madrid, me dice siempre: Fito, haz las fotos y mételas en la nevera a madurar. No las edites antes de los seis meses. Yo que soy un impaciente con todo, me falta tiempo para no hacerle caso. Una vez que vengo del campo ya estoy enchufado al ordenador para ver si las sensaciones que he tenido con la cámara se mantienen al verlas en la pantalla grande del ordenador. Yo no sé si transmito o no con mis fotos. Tengo un encuentro frecuente con mis amigos en el Facebook y me esfuerzo por actualizar esa ventana con asiduidad. Suelo escribir textos con las fotos y estoy pensando hacer una recopilación de ellos y publicarla en un fotolibro. He pensado incrustar en cada página del libro un código QR que lleve al lector a la página del Facebook donde lo publiqué y pueda leer allí el recorrido y los comentarios que ha tenido cada foto y cada texto. Mis mejores amigos y mis hermanas me dicen siempre “Niño, que bueno eres” pero ya ves tu de lo que valen esas lisonjas en el mundillo fotográfico.

●     Eres un hombre de asociación, eso es indudable ¿Qué te aporta El Club Fotográfico “76” Juan Rivera y qué le aportas tu a sus socios?

Eso es verdad, básicamente soy una criatura que acepta divinamente el contacto con los compañeros y compañeras y ellos me aceptan a mi. El pedagogo brasileño Paulo Freire, precursor de la Pedagogía de la Liberación decía…”​Nadie educa a nadie, nadie se educa a sí mismo. Los hombres y las mujeres se educan entre sí mediatizados por el mundo porque nadie ignora todo, nadie lo sabe todo.” Es la teoría del crecimiento compartido. Ellos me aportan muchísimas cosas, constantemente. No solo somos gente que disfruta con la fotografía, sino que también somos amigos. Yo podría aportarles a ellos mi experiencia en el mundo de la educación. He sido profesor y director de un colegio muchos años. y me resulta más fácil organizar cosas. Ellos tienen el talento fotográfico y las ganas de aprender y compartir. Hay una simbiosis mutua sumamente interesante.

●     Por último ¿Cuáles son tus referentes?

Me gusta mucho leer a Fernando Puche hablar de fotografía. El fotógrafo clásico que más me gusta es Josef koudelka. También Anders Petersen, adoro su trabajo en su Café Lehmitz. De  los actuales de la agencia Magnun me gustan el australiano Trent Parke y nuestra Cristina G. Rodero. De los españoles de la postguerra Ramón Masats, Pérez Siquier y Francesc Catalá-Roca. Como ves, no soy nada exquisito en mis gustos fotográficos.




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