Pablito, Cristóbal Trujillo.

<<Cada vez que puedo me paso por su casa, una antigua imprenta abandonada en el centro de la ciudad. El local es el refugio donde Pablito, un gallego afincado en Andalucía, pasa las noches solo con su embriaguez y sus voces que les rodean en el silencio de la oscuridad.

Con móvil en mano, me entusiasma hacer retratos en la calle, fotografiar a personas singulares cuyas imágenes hablan por si solas, donde cada retrato es una historia y cada persona retratada una vivencia.

Los rasgos de sus rostros me transportan a una vida pasada y complicada, en los cuales se reflejan las luchas y el mal vivir, y en sus miradas la esencia de las mismas personas.

Me gusta mostrar esa realidad invisible del presente de esta sociedad, en la que el futuro sigue oculto.>>

Cristóbal Trujillo

Análisis de la imágen

Contextualmente, la imagen de Cristóbal Trujillo nos evoca el drama social de la soledad, el alcoholismo y la esquizofrenia. Una fotografía social de reportaje muy intensa, genero que Trujillo nos viene contando en sus trabajos y que nos muestra con buena pericia y generosidad.

Pablito es una fotografía editada en blanco y negro, con unos matices ligeramente sepias de la cual conocemos algunos datos ya mencionados arriba por su autor, tomada con la cámara de su dispositivo telefónico móvil y poco más. Sabemos, sin embargo, que Trujillo suele trabajar en la calle de esa forma y con esa herramienta, pues él mismo lo ha manifestado en numerosas ocasiones. Así se presenta al que pretende fotografiar, de esta manera se aproxima amablemente sin intermediario entre él y su objetivo, que no es otro, en el caso de la serie que nos ocupa, que el de retratar a la gente desahuciada por la sociedad, mendigos, alcohólicos y drogadictos, enfermos duales, que Trujillo nos muestra con toda la crudeza de la realidad en la que estos perviven. Crudeza que, al resto de los mortales, nos pasa desapercibida, tanto en el momento presente como en el futuro trágico que les espera.

La imagen de Cristóbal Trujillo no deja de ser revolucionaria en el sentido de que huye de lo bello para inmiscuirse en el momento trágico de la vida, de la sociedad excluyente, mostrándonos, a la vez de lo trágico, a veces, el momento dulce de la historia. El momento en el cual, la persona desahuciada, percibe que su vida le interesa a alguien y, este alguien, pretende inmortalizarla. Debe ser importante ese momento para ellos y para él, para Trujillo. Este proyecto que nuestro fotógrafo lleva a cabo se me antoja inacabable, pues siempre encontrará un nuevo Pablito al que inmortalizarle su momento.

El motivo fotográfico de la fotografía Pablito, morfológicamente nos muestra como elemento principal, a una persona, varón de edad avanzada, de la cual sólo podemos ver su parte superior, ya que las piernas supuestamente tapadas quedan fuera del encuadre, acostada en un colchón viejo en el suelo, tapado con un edredón viejo también. El personaje ocupa el tercio izquierdo inferior de la composición. Junto a su cabecera, una botella de agua de litro y medio ya usada, un cenicero, un mechero y una hoja de papel de imprenta, de la cual no se puede adivinar su procedencia. Pablito, el personaje, vive en una habitación con la pared desconchada, raída, sucia y fría, en la cual podemos observar, en el centro de la imagen, la portada de una vieja revista con una joven en bikini; marcas de haber habido algún elemento adherido en la pared y el tercio superior derecho un tubo de cableado antiguo y un posible interruptor o enchufe. En la mitad derecha del encuadre y junto a la pared tenemos varios elementos, a saber: una silla en la cual esta sentada una pequeña muñeca infantil desnuda y una bolsa de plástico blanca; junto a la silla, en el suelo una caja de botellines de cervezas o refrescos, apoyado horizontalmente en el suelo y que sirve como soporte para un posible abrigo o chaquetón. Delante del cajón, otra bolsa de platico y, delante y a su izquierda de ésta, otra botella de agua tirada en el suelo, ésta vacía. El suelo, que abarca casi los tres tercios inferiores de la composición, como ya se debe suponer, esta sucio y lleno de las calichas de la raída pared.

La postura del personaje, acostado, con la cabeza en una almohada con una funda oscura en contraposición al color claro del colchón y el edredón que le cubre dejando los brazos y la cabeza destapadas, nos recuerda más bien a un cadáver en reposo y con las manos en el pecho, en decúbito supino.

Esta es la puesta en escena de la fotografía, todo en foco y con todos sus elementos bien ordenados, con una composición fotográfica exquisita donde los elementos llenan los espacios sin sobreponerse unos a otros, sin estorbarse. Con ello Trujillo es muy cuidadoso a la hora de presentarnos los elementos formales de la composición, esto es así en toda su obra, es una característica que le define, no hay en ellas confusión ni mezclas que pudieran distraernos de lo que realmente importa, el mensaje, el relato, la historia.

La iluminación llena la escena, limpia uniforme, la cual nos permite la visión completa de la composición. Supuestamente, la luz nos llega desde una ventana situada a la izquierda de la fotografía, iluminando perfectamente al personaje y en particular su rostros barbado. La iluminación proyecta unas sombras suaves y conforme su dirección y ángulo.

La fotografía carente de color, es indudablemente una elección del autor que potencia grandemente el relato, de no ser así, el color sería un elemento que distorsionaría el mensaje que Trujillo nos quiere transmitir. La elección de esa ligera dominante sepia, nos transmite un mínimo de calidez y ternura a la tragedia que nos presenta y que nos acerca de una manera muy eficaz un poco más a la representación.

Nos hallamos ante una fotografía figurativa, formalmente simplista que los lleva hacia dentro, con una gran eficacia comunicativa, de la mano de su autor y todo ello con los mínimos recursos formales. Cristóbal Trujillo nos transmite en esta maravillosa fotografía un tremendo drama social, víctima de la vida misma.

Compositivamente la fotografía tiene una perspectiva y un ritmo poco relevantes para este análisis, pues la pose del sujeto y la iluminación envolvente se articulan bien geométricamente y las líneas están muy bien definidas. La tensión compositiva solo está presente en el drama de la situación, no en los elementos en sí, pues en todos ellos son elementos estáticos, incuso el sujeto. Los pesos de la composición radican el los rostros tanto del personaje inerte como el de la muñeca que parece estar observando al sujeto, también aporta equilibrio otro elemento antropológico que abarca el centro de la composición, la fotografía de la joven en bikini de la portada de la revista pegada a la pared, esta mira al frete como desentendiéndose de la situación, formando entre los tres elementos un triángulo compositivo. Aunque la imagen parece dar una apariencia estática, la posición de los elementos antropomórficos ligada a otros elementos compositivos ya descritos de naturalezas muertas, color e iluminación, aportan a la fotografía un dinamismo latente que vuelve a adentrarnos en el dramatismo escénico.

La mirada hacia el techo del sujeto y sus piernas fuera de la composición es lo más marcado del espacio representativo de la imagen. Una mirada al infinito, parece estar en sus propios pensamientos o demonios perdidos en la mente del mendigo afectado por las graves enfermedades de su vida, el alcoholismo y la esquizofrenia, que Trujillo mantiene latente a la mirada del espectador atento. Todo ello enmarcado en un espacio cerrado interior y muy concreto de ocupación. La imagen pese a la poca profundidad, no da la impresión de ser plana, dada su perspectiva de leve picado. Se trata de un espacio muy poco habitable para un espectador sano, pero al personaje le permite su momento de intimida, sosiego y reposo. La puesta en escena del momento dulce de una persona cuya vida es una constante tragedia. La privacidad es pues lo que demarca claramente la escena. Trujillo aquí nos invita a compartir la intimidad de una relación de amistad, drama y enfermedad.

Todo nos lleva a un momento tierno entre un hombre solo, acompañado durante un corto instante por un amigo que lo inmortalizará y contará al mundo su historia. Esta y no otra es la representación temporal de esta fotografía. No es sin embargo una fotografía que recoja un momento concreto, sino que recoge el momento que ambos, sujeto y fotógrafo, han decidido mostrar, no es una instantánea, es una representación emocional y por consiguiente decidida, pensada.

Esta imagen equilibra muy bien los elementos, tanto morfológica como sintácticamente pues el fotógrafo ha sabido en todo momento atraernos hacia un momento extraordinario concreto, el momento íntimo de un enfermo en soledad.

Al poner Trujillo la cámara por encima del personaje, con ese ligerísimo picado. Nos permite un encuadre perfecto que da una fuerza expresiva tremenda a la situación que nos quiere mostrar, a la vez de no haberse situado, el fotógrafo por encima del personaje, cosa muy importante aquí para el análisis anteriormente descrito, pues con ello revela el dramatismo necesario para dicho fin, elegantemente mostrado. Tanto es así, que la posición del sujeto está tan sutilmente registrada que no evoca  al espectador emociones de congojas fáciles inconscientemente porque, pese a todo el caso, es poco melodramático si se observa bien.

Diciembre de 2020

José Gómez Granado.

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4 comentarios sobre “Pablito, Cristóbal Trujillo.

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