Tango, de Juan A. Sánchez

febrero 2021

Diálogos con la fotografía.

Tango, de Juan A. Sánchez.

Febrero de 2021

<<Esta fotografía esta inspirada en mi primer proyecto fotográfico sobre la danza, titulado Sueño, y que es una de las fotografías de mi próximo proyecto. Quise darle un punto de vista distinto, en el cual deseo plasmar no sólo la imagen fija, sino acompañarla de movimiento. El movimiento no se ve en una foto, pero si se puede apreciar la estela que se deja al bailar dando la sensación de movimiento.

Esta foto en sí me trasmite pasión, amor y ternura; pasión por la fuerza del movimiento, amor es el sentimiento que me trasmite la pareja al bailar y ternura porque, a parte de la fuerza que trasmite el movimiento, el agarre de la pareja es sutil y no forzado.

Fue una sesión muy amena llena de complicidad, conectando la pareja y yo desde un principio. Agradécele a Alycris Tango por hacerme pasar un rato inolvidable con sus bailes de tango. ..,>>

Juan A. Sánchez

La oportunidad de poder escribir sobre la obra de un amigo siempre es gratificante, máxime cuando la fotografía lo merece. Juan Antonio Sánchez es un fotógrafo al que no se le escapa detalle técnico ni creativo. Sé de su trabajo desde hace muchísimo tiempo y, creedme, merece mucho la pana admirar su obra.

Lo que a Juan Antonio Sánchez le ocupa la mente dese hace algunos años es la danza y a ello dedica sus mayores energías creativas. Sus proyectos al respecto son hartamente sustanciosos y creativos, baste haber visto su primera propuesta sobre la danza Sueño, para hacerse a la idea de cómo el éxito llenará el próximo, el cual espero disfrutar pronto.

La obra de Juan Antonio Sánchez que nos ocupa ahora, la titula Tango y se desprende de este proyecto en ebullición que le ocupa en la actualidad. Fotografía que puede ser muy bien encuadrada en el género de retrato, aunque también puede ser entendida como concepto. Un concepto bien definido y argumentado en la propia fotografía ya que se ve muy claramente lo que en ella quiere contarnos, el movimiento que se desprende de la danza. También nos muestra aquí un tema humano, demasiado humano diría yo, que por su especial planteamiento se puede enmarcar, desde luego, como fotografía “artística”.

Bajo mi punto de vista, para Juan A. Sánchez, la fotografía resuelve la posible disonancia siempre polémica entre el “arte” fotográfico y la técnica, ya que ésta, la técnica, la usa Juan Antonio para obtener la representación de la realidad a la que gusta mirar, su realidad. Todas las acciones del autor están muy pensadas y, por consiguiente, susceptibles de  calculo. La fotografía, desde esta perspectiva, ya no se limita a describir, sino que proclama su condición “artística”, lo pide a voces. Pero no es ése el tema de este análisis. Dejaremos el litigio técnica vs arte para otro texto si es pertinente éste.

Como descripción de esta obra fotográfica y adentrándonos en territorio morfológico, no hallamos ante un plano americano, bien delimitado y horizontal que nos muestra una pareja de baile, mujer y hombre, abrazados danzando a modo de tango. La toma está hecha en un escenario, con un telón negro como fondo, luego está iluminada artificialmente y parece provenir frontalmente, y de la cual no se desprende sombra alguna, pero con un circulo central más iluminado que las esquinas del cuadro, dando la impresión de un viñeteado bien definido. No hay fuerte iluminación ni penetrantes sombras aquí, la levedad lumínica le confiere un halo neblinoso, casi difuso, muy tenue, que llega hasta desaturar levemente también la paleta de color, a saber: matices de negro y  beige dominantes, con pinceladas de violeta y plateados si llegar a blancos.

El único motivo que se aprecia en la obra son los danzantes, los cuales aparecen por duplicado y dejando una estela de movimiento. La disposición de los modelos en la fotografía esta compuesta de la siguiente manera: llenando todo el plano derecho de la foto, en los tres tercios derechos, la pareja se nos muestra de pie (plano americano), dándonos a conocer los costados izquierdo ella, derecho él, en estado típicamente danzante. Este plano de los modelos se presenta movido, en movimiento, poco nítido. La siguiente secuencia se desprende de la anterior, más bien sale, pues los danzantes se muestran ahora en la típica postura tanguera, a saber, él de pie agarrando a la dama por la cintura con el brazo derecho y tomando la mano derecha de ella con su mano izquierda; ella, tirada hacia atrás rígidamente, en postura recta, y con la mirada hacia atrás, su pierna derecha enganchada en la pierna izquierda más adelantada de él. Ahora el varón ocupa toda la centralidad del plano, los tres tercios y medio cuerpo de la dama ocupa, a caballo, casi en la misma línea divisoria de los tercios inferior y central de la izquierda.

El centro de interés lo constituye el ángulo recto que proponen los danzantes en el plano central, tal elemento nos lleva la mirada hacia ese un punto en concreto, el vértice o unión entre los danzantes que constituye un punto de unión muy fuerte, pese a las miradas de ambos protagonista, de él hacia ella y de ella hacia el vértice superior izquierdo de la fotografía, como si su cuerpo se prolongase hacia ese punto. Esa postura refuerza el espacio vacío que tenemos en la parte izquierda, equilibrándose con el espacio derecho lleno por completo. Todo ello nos permite hacernos una idea de las líneas imaginarias con las que Juan Antonio nos compone esta imagen. Las interrelaciones entre los danzantes son muy complejas y las líneas se manifiestan tímidamente como elemento morfológico aquí y obliga a replantearse la existencia de un punto de fuga claro, el cual se desprenderá casi exclusivamente de la voluntad interpretativa de la mirada del que contemple esta obra.

Compositivamente en su sintaxis, podemos observar la ausencia de una perspectiva. El encuadre oculta taxativamente una perspectiva clara, pues  la levísima profundidad de campo la inhabilita, dando la sensación de un todo compacto y, consecuentemente, como dijimos ante, el punto de fuga lo dejamos al libre albedrío del espectador, aunque el todo continuo de los danzantes nos sugiere casi un giro centrífugo que se consolida en la postura última de la mujer. El ritmo es la consecuencia de la repetición de los elementos y la sensación de movimiento, que contribuyen a consolidar ese ritmo interior que se escapa con la mirada final de la mujer.

La tensión es máxima debido a las disimetrías y al cruces de las líneas sugeridas, aunque la curva es inexistente, el hecho de que las líneas entran en conflicto, la provocan. Cabe destacar la presencia de un dinamismo tácito fruto del movimiento de los personajes.

Por lo que respecta a la pose, la complejidad de la fotografía hace pensar en su edición, aunque parezca tener valor de instantánea. La relevancia compositiva es fundamental, toda vez que es en ello en lo que se fundamenta la imagen. Se trata de un trabajo que, desde su primera lectura indica una voluntad connotativa, transmite sensaciones, emociones y sentimientos. También cabe destacar lo complejo de los recursos expresivos empleados por Sánchez para transmitir con fuerza el dinamismo de la escena captada.

En definitiva, nos hallamos ante una imagen que posee una gran fuerza expresiva y comunicativa, que consigue que no nos quedemos indiferentes a la hora de contemplarla.

José G. Granado



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